Estamos tan metidos en la sociedad publicitaria y consumista que nos parece normal que todo tenga una intención mercantil.
Del libro: Comunicación efímera: de la cultura de la huella a la cultura del impacto. Monse Doval
Leyendo este texto, sentí como una descarga. Creo que sigo algo obsesionado y traumatizado por lo que ha pasado. El haber tenido la enfermedad y en algún momento saber que estás en la línea del paso de lo leve a lo grave y tal vez más, junto con la vuelta al trabajo tras 14 días de confinamiento total y comprobar que 7 pacientes tuyos (todos tienen nombre y apellidos, alguno conocidos desde hace 30 años) han fallecido en tan poco tiempo, me hace reflexionar sobre lo que he vivido desde la crisis del 2008 a la crisis de la pandemia. Reflexión personal sobre la situación en la Comunidad de Madrid.
Cuando empezó todo el cambio de política sanitaria de la CAM, recuerdo que se citó por el consejero de esa época a los directores de centros de salud en un foro que llamó "Quovadis sanidad". A algunos, que no nos gustaba este sistema tan funcionarial y que queríamos algo más de independencia, se nos encendió una luz de esperanza. Lo que subyacia detrás de nuestras creencias era que podríamos tratar mejor a nuestros pacientes con un nuevo sistema. Mi centro ya había participado en la formación del OMI AP a otros profesionales. El OMI AP era un programa de historia clínica informatizada. Además de estar pensado para mejorar nuestro día a dia, tenia una clara filosofía de "medir" nuestro trabajo. En mi centro, desde hace muchos años, hemos estado interesados en los resultados en salud, siempre preguntándonos: ¿hacemos lo que tenemos que hacer? ¿lo hacemos bien? ¿lo hacemos todos de una forma parecida? ¿lo que hacemos preserva la equidad del sistema? ¿lo que nos piden se adapta a lo que dice la ciencia en el momento actual: medicina basada en evidencias?... Mientras tuvimos el OMI AP pudimos tener acceso a "NUESTROS DATOS" de una forma rápida y relativamente sencilla, lo que nos permitió realizar periódicamente estudios de mejora en aquellas actuaciones que nos parecía relevantes. A nadie se le caían los palos del sombrajo si salía el último, ya se ocuparía de pensar o estar al tanto de lo que se quería mejorar. Era algo muy ágil, rápido y participativo. En conclusion, pensabamos que nos iban a dejar hacer nuestro trabajo de una forma más independiente y comprobar que repercutiría en la mejora de la salud de la población.
¿Qué falló? Falló la filosofía, falló lo que lleva detrás un cambio. El cambio no se vivió como algo para mejorar, si no como reza el párrafo de Monse Doval: "que todo tenga una intención mercantil". Siendo partidarios de la eficiencia del sistema (lo mejor al menos costo), también somos partidarios de su equidad y en esto, como lo quisieron imponer, nunca lograremos ponernos de acuerdo. Ya lo dijo posteriormente el siguiente consejero: "sanidad como oportunidad de negocio". Llegaron las mareas blancas y se ganó lo que se ganó en los tribunales, no en la calle. Luego se ha hecho lo que todos sabemos, participación de empresas privadas sin estudios comparativos. Derivacion de un montón de dinero público a la sanidad privada sin estudios económicos objetivos y científicos para su evaluación. Reglas diferentes para lo público y lo cuasiprivado, si se quiere mejoras y competencia hay que establecer reglas claras, justas e iguales para todos. Y así seguimos.
Entre otra cosas, se infrafinanció la atención primaria. Lo que ha pasado nos pilló a todos con el pié cambiado y además, a los de primaria, exaustos y desilusionados. Esto ha tenido funestas, yo diría que mortales, consecuencias, tanto entre nuestros compañeros como entre la población. Ahora el tercer consejero de sanidad de aquella epoca, es consejero de Hacienda, el señor de los dineros y mucho me temo que no estará dispuesto a sanear la sanidad. Tal vez si, como dice Monse Doval, tomara conciencia de que no todos estamos de acuerdo en que la salud puede entrar en "el mercado", podríamos hacerlo para que nuestra población, o mejor expresado "cada población" (las diferencias sociales no se han intentado equilibrar), tuviera la mejor sanidad posible dentro las posibilidades "económicas" de la comunidad más rica de España.
Un apunte personal para que sepan que no todo se mueve en su universo. A todo el gobierno de la comunidad le informo que todas las visitas domiciliarias que he realizado en el último mes han que sido en pisos sin ascensor. Y en el último, una visita domiciliaria de un paciente de 90 años de un compañero no suplido, tuve que esperar un rato largo para que me abrieran las puertas, tanto la del portal como la del tercer piso...sin ascensor. Lo hizo una anciana en silla de ruedas. Me acerqué a su marido, el paciente, y le pregunté el motivo de su llamada. Detrás de mí oí la voz de la mujer: no se moleste doctor, ni oye ni ve. Solo tenían unas horas al día de ayuda social.
Creo en la justicia social y tanto con la salud como con la educación soy partidario de no considerarlos bienes de consumo sino bienes sociales. A los políticos les corresponde administrarlos de la forma más equitativa posible. Busquen, estudien e investiguen para que haya políticas justas, no miren tanto a sus votantes, por ahí no se debe medir el resultado de su trabajo. Al final, la sociedad, toda la sociedad, se lo agradecerá.
José Antonio González-Posada Delgado. Medicina familiar y comunitaria. Centro de salud El Greco. Getafe.
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