miércoles, 3 de abril de 2019

QUIERO MIS DATOS 2019


QUIERO MIS DATOS: así denominé este blog hace años y luego, hundido en la más absoluta indignación, dejé de utilizarlo. Ahora que me queda poco tiempo como médico de familia y dado que la experiencia, en este y en otros ámbitos, me ha enseñado que al final lo importante es el camino (unas veces se gana y otras se pierde), vuelvo a retornarlo para dar un poco de luz a los que vienen detrás y que exijan lo que es suyo, aquello que los pacientes nos dan y que registramos en sus historias para que intentemos mejorar, en la pequeña parte que nos corresponde, su salud física, psíquica y social. 

El ISIS estuvo implantado en nuestro centro de salud gracias a Ángel Ruíz Téllez de Cymap, a Marisol Zuzuarregui gerente del área 10, a José Luis Quintana director del centro y a la colaboración de Luis Rubio, en aquella época en labores de técnico de la gerencia (mil gracias a los cuatro). Todos los meses, un archivo encriptado se mandaba a Cymap para que volcarán los datos de todas las consultas y retornaban a nosotros con la posibilidad de ser explotados. Gracias a la herramienta maravillosa del programa ISIS, podíamos ver lo que nosotros, en plan de broma (perdonar la expresión, espero que no moleste), llamábamos "quien la tiene más larga", una especie de competición/comparación entre pares. Ya que fui el que más interesado estaba en saber si lo que hacíamos en consulta se adaptaba al buen hacer clínico, me empapé del programa y lo trabajé para sacarle el mayor rendimiento posible.  Esto, permitió seguir la regla que gusta a José Luis Quintana de "cuanto peor, mejor", es decir, que podíamos actuar sobre  los pacientes que tenían peores resultados clínicos y que necesitaban una mejor atención, a sabiendas que se actúa sobre resultados intermedios. Gracias a la herencia de Rafa Bravo que nos introdujo, con su forma "peculiar-personal", en la medicina basada en la evidencia, comprobábamos que lo que mirábamos se adaptaba a lo que marcaban y siguen marcando, los estudios de investigación.  ¿Cuánto tiempo se tardaba en sacar los datos? El "retrato" del centro que elaboraba el CoMeLo (Comité de Mejora Local o de garantía de calidad) que podéis ver en este ppt de 2004-2005 (expongo en el texto una de las imágenes como ejemplo), podría ser de unas 2 o 3 tardes, unas 6 a 9 horas.

Valores de HbA1c por consulta en %

No creo que a nadie se le escape que con estos datos podemos enfocar nuestro trabajo en los pacientes que más lo necesiten. La ventaja que tenía es que, además, se podían sacar los listados con los nombres de los pacientes (ahora la ley de protección de datos no lo permite) y comprobar la causa. O si tenían cualquier otro tipo de problema que no tuviera que ver con su control o tratamiento. Por desgracia, el barrio donde trabajamos tiene un nivel sociocultural y económico bajo (lo ha dicho Hacienda y el estudio Medea) y ya sabemos que el barrio marca las posibilidades de esperanza y calidad de vida.   
Lo que más me indignó de lo que sucedió en 2010 cuando cambiaron de OMI AP a AP Madrid es que se hizo sin ningún fundamento científico, no se sabía cual de los dos sistemas era mejor y se impuso sin comparar. La medicina es una ciencia, se tendría que haber permitido la comparación de centros centralizados mediante AP Madrid y descentralizados con OMI AP. No sé cuál ha sido la repercusión económica del sistema actual, pero creo que superaba en varios ceros al anterior.
Esto es lo que quiero transmitir a las próximas generaciones. Tuvimos una herramienta con la que podíamos estudiar cualquier aspecto que se nos ocurriera, incluidos aquellos que le empresa consideraba importantes, que para eso está la Cartera de Servicios, que además era más rápida y versátil que la actual. Pero todo eso está ahora en un mega ordenador, muy mega, es tan mega, que no es capaz de darnos todo aquello que es nuestro: NUESTROS DATOS.


jueves, 28 de marzo de 2019

HOY ME HE SENTIDO MÉDICO DE FAMILIA




No es fácil, en estos días, poder hacer esta afirmación, pero con satisfacción, puedo decir que me he sentido médico de familia.
Un lunes, un día cualquiera, pasaba consulta con Isabel mi R4, fue un día complicado cómo son todos los lunes. A media mañana nos dieron un aviso domiciliario por una paciente crónica con una complicada situación clínica, social y familiar. Además de todos sus problemas crónicos, se encuentra inmovilizada, imposibilitada para andar, sobre todo para bajar los dos pisos de una casa sin ascensor. Está bajo el cuidado de una hija con problemas de salud mental. Desde hace mucho tiempo, machaconamente, sin éxito, les he dicho que ambas precisan de cuidados especiales. 
Al final de la consulta, 14,30, fuimos al domicilio. La hija nos abrió la puerta y comprobamos que en el suelo había mucha sangre y en su muñeca izquierda un corte profundo, estaba muy agitada. Asustados y pensando que lo primero que había que hacer era preservar la seguridad de su madre, Isabel, llamó a la ambulancia psiquiátrica. A la hora y media, motu proprio, se vistió para que la llevaran al hospital.  En esa larga hora y media en la que le acompañe, mientras Isabel ayudaba a la madre, pasaron ante mí 31 años de medicina de familia. 
Conocí a la familia en 1988, cuando llegué al centro. Por desgracia tuvimos (incluyo a Milagros enfermera de familia de muchos años) que acompañarlos en una difícil travesía, la muerte de su hermano joven, la de su padre y a la terrible disolución de una familia por los estragos que producen los problemas de salud mental. En lo que fue una casa limpia y ordenada, como un ama de casa de las de antes sabía tener (trabajo ni remunerado ni reconocido, no deja hueya ni derecho a pensión) ahora hay una casa en decadencia. El tiempo, la enfermedad y la falta de recursos, son un cóctel terrible. La ambulancia no llegaba y había que hacer algo. Hay algo instintivo cuándo veo a alguien sufrir, me sale de dentro cogerle, darle la mano, es un intento físico para que sepa que yo estoy allí para ayudarle, que tenga la percepción que tiene algo/alguien donde agarrarse. Puede servir un instante para calmar, pero la ambulancia no llegaba y había que hacer algo más. Iniciamos un viaje a las vivencias de su infancia, de sus intentos de suicidio, de la muerte de su hermano y de su padre. Que se puede decir cuando una persona te dice que hace años que no se siente feliz, pocos momentos que ella recuerde. Tenía colgadas de la pared fotos de un hermano joven y guapo, de una familia feliz, de un padre querido, de la joven que fue. Me contó su deambular por una casa de acogida por un problema de violencia de género, su caída en el abismo del alcohol. La mala suerte que tuvo cuando se tiró al metro y se quedó en un hueco. Tuve que cambiar de registro, alguna luz habría entre tanta sombra: mi hermano era un cachondo, muy valiente en su enfermedad, fuimos a ver lo que iba a ser su tumba, quería una lápida para que nadie pisara el suelo dónde iba a estar enterrado, siempre alegraba las reuniones de los hermanos. Su padre la llamaba por su apodo cariñoso. Los cuidados que le profirió antes de morir. Reuniones alegres de todos los hermanos durante una época feliz. Recordaba lo bien que nos portamos con su hermano y su padre (en aquella época no había ni paliativos ni retrovirales) la enfermera y yo, estaba muy agradecida. Treinta y un años que vamos dejando en el haber de nuestros pacientes. Poco a poco se fue relajando, dejó de estar agitada, terminó reconociendo que necesitaba ayuda. Se vistió y no opuso resistencia a la llegada de la policía con los responsables de la ambulancia psiquiátrica, una hora y media después. 
No es fácil enfrentarse a los pacientes agresivos, se necesita seguridad, formación y empatía. No olvidar dar el mensaje constante, le llaman longitudinalidad de la atención, de que estamos para ayudarles (si es que realmente nos lo creemos)  y razonarles que,  a veces, puede ir en contra de lo que ellos piensan. Todo contacto se apunta en el haber y el debe de nuestra relación, si lo hacemos bien, llenaremos nuestro haber.  
Isabel, mi residente, no pudo acudir a su curso de electrocardiogramas, le pareció más interesante esta experiencia. Salimos de la casa una hora y tres cuartos después, a las cuatro y cuarto. Los dos, un tanto desasosegados pero satisfechos, nos pareció que no habíamos perdido el tiempo, al fin y al cabo, somos SUS MÉDICOS DE FAMILIA.